Amante del gánster, querida del obispo (10/10/2010)
La ex prostituta Sabrina Minardi, concubina del difunto mafioso Enrico de Pedis, rompe su silencio y detalla turbios secretos de la Italia de los setenta y ochenta. Sexo, Mafia y Vaticano (...)
Ante la Fiscalía y ante la periodista que le ha entrevistado, Sabrina Minardi ha declarado que la banda ingresaba su dinero en el Instituto para las Obras de Religión (IOR) a través de la Banca Ambrosiana, que entonces presidía Roberto Calvi. Ese dinero fresco y negro servía, entre otras cosas, para que Juan Pablo II financiara al sindicato Solidarnosc, de Lech Walesa, con la idea de abrir brecha en el bloque soviético, siempre según Minardi.
"Recuerdo que Renato una vez llegó a casa con una bolsa de Vuitton llena de dinero", cuenta Minardi en el libro. "Hicimos los paquetes, contamos mil millones de liras (cien millones de pesetas de entonces) y al día siguiente se lo llevamos a Marcinkus".
Según su reconstrucción, De Pedis estaba indignado con la Santa Sede porque el presidente del IOR (Banco del Vaticano) se negaba a devolver a las mafias el dinero que había ido ingresando. Minardi cuenta que el gánster tenía una relación de gran confianza con el cardenal Ugo Poletti, presidente de la Conferencia Episcopal italiana; pero que esa relación no le sirvió para recuperar la inversión. De modo que buscó una forma de chantajear al Vaticano. El procedimiento fue secuestrar a Emanuela Orlandi (...)
Un día, Renatino llegó a comer al restaurante Pippo l'Abruzzese; iba con Sergio, el chófer, y llevaban dos sacos, continúa. "Fuimos a una obra, y yo me quedé en el coche. 'Así hacemos desaparecer todas las pruebas', dijeron". En uno de los sacos, sostiene la mujer, estaba el cuerpo de Orlandi; y en el otro, "el de un niño de 11 años al que mataron por vendetta; era Domenico Nicitra, hijo de otro miembro de la banda".
Según Minardi, la operación tenía un motivo: presionar al Vaticano para que devolviera a la mafia el dinero ingresado en el IOR a través del Ambrosiano. El nombre de Marcinkus quedó unido para siempre a la logia secreta Propaganda Due (P2) y a los escándalos financieros de la época, como el crash del Ambrosiano. Monseñor mantenía sólidas relaciones con personajes como Michele Sindona, el banquero de la Mafia, y el maestro de la P2 Licio Gelli. "Renatino veía bien a la masonería. Y conocía a Gelli", explica Sabrina Minardi. "Formaba parte de la lista secreta, de aquella que nunca se encontró. Siempre decía que ser masón te abría mil caminos nuevos, no solo por el dinero, sino porque el que pertenecía a ella nunca acababa siendo un desgraciado".
"Muy probablemente", escribe Notariale, "Renatino intervino en la negociación abierta entre las cúpulas del Vaticano y la Cosa Nostra para restituir el dinero que la mafia había entregado al Ambrosiano a través de Calvi". Un favor hubo, "eso es seguro", concluye. "Si no, no se explica un tratamiento como el que le dieron al enterrarle en Sant'Apollinare". Según la periodista, la decisión la tomó el jefe de los obispos italianos: su Eminencia Ugo Poletti."
Reportaje completo en El País.
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