26 de enero de 2010

Prensa y pseudociencia: los candidatos presidenciales y el polígrafo

El día de hoy el Movimiento Libertario publica dos campos pagados en La Nación haciendo alarde que su candidato pasó la prueba del polígrafo patrocinada por el programa de televisión 7 días y que Laura Chinchilla no se presentó y Ottón Solís falló una pregunta.

Lo único que muestra el resultado del polígrafo, también conocido como "detector de mentiras", es que Otto Guevara tiene la mente más fría o es más cínico o se tomó un par de diazepam.

El polígrafo, como instrumento de interrogación usado por organismos policiales y de espionaje, es considerado una pseudociencia y no tiene mayor validez legal, ni precisión científica para medir algo tan elusivo como la verdad o la mentira. Según leemos en la Wikipedia:
En la actualidad el polígrafo es utilizado por agencias de inteligencia, policías y sectores privados de más de 90 países. Sin embargo, La mayoría de psiquiatras, psicólogos, neurólogos, neurofisiólogos y otros científicos coinciden en que hay poca base para la validez de las pruebas de polígrafos. Los tribunales, incluida la Corte Suprema de los Estados Unidos o la judicatura española, han rechazado reiteradamente el uso de estas pruebas debido a su inherente falta de confiabilidad. Ninguna autoridad científica relevante les concede credibilidad alguna. En general, el uso del polígrafo como detector de mentiras se considera una manifestación de pseudociencia
La misma Wikipedia cita los casos de varios espías famosos que lograron engañar a la CIA y ocultar su condición de dobles agentes.

Tampoco es aceptable el uso del polígrafo en recursos humanos. Según El Escéptico Digital:
Primeramente, habría que recordar que el polígrafo, como todo “aparato científico”, no sirve para nada si los datos que se extraen de él no están en relación con hechos comprobables; en este caso con las conductas observables o inferidas del sujeto examinado. Y en esto, el polígrafo, entra de lleno en la pseudociencia por su halo de pretendida exactitud biomédica y palabrería pseudocientífica.
(...)
El poligrafista confunde la exactitud con la fiabilidad y ésta con la validez. Es innegable que un polígrafo recoge información fisiológica y ésta se muestra en gráficas, pero de ahí a que esa información muestre alguna relación con la verdad o falsedad consciente de las expresiones verbales de un sujeto hay un abismo.
Hay que decirlo claramente: el polígrafo no detecta ni la verdad ni la mentira, sólo detecta cambios psicofisiológicos. En un informe de 2002 la Nacional Academy of Sciences de Estados Unidos advierte que la “investigación en psicología científica y fisiología proporciona pocas bases a la esperanza de que la prueba del polígrafo pueda tener un muy alto nivel de aciertos”. Pero esto no desanima a los poligrafistas que siguen insistiendo en la bondad de la máquina de marras y en presentar tasas de acierto del 90 % como mínimo.
El problema para los poligrafistas es que no pueden demostrar que exista un único patrón de respuestas psicofisiológicas asociadas a la respuesta dada con intención de engañar.
El hecho que dos candidatos se prestaran a este denigrante espectáculo muestra que tan bajo ha caído la política y la prensa en Costa Rica, pues significa tratar a los aspirantes a la presidencia de la República como sospechosos de mentir, espías o rateros.

La encuesta de CID Gallup, que publican el día de hoy La República y La Extra, muestra que el apoyo a la candidata del PLN Laura Chinchilla se mantiene en un 44%, suficiente para ganar las elecciones en una primera ronda, y que el apoyo a Ottón Solís ha crecido a costas de Otto Guevara que está disminuyendo. En varios foros he leído sobre el supuesto mal desempeñó de la primera en los debates y el buen desempeño de Guevara. Sin embargo las encuestas parecen decir otra cosa, que los debates no perjudicaron la intención de voto de la aspirante liberacionista y que le permitieron al elector diferenciar entre las perspectivas programáticas del Movimiento Libertario y del Partido Acción Ciudadana, el primero representante de una derecha neoliberal y el segundo de centro izquierda.





(gráficos publicados por los diarios citados)

El ML ha intentado vender la idea de un supuesto viraje al centro, incluso Otto Guevara afirmó en una entrevista a El Financiero que ya no eran libertarios (reproducida en el Foro Costa Rica Nuestra) para pasar a ser un partido "liberal clásico". Guevara dejó sin responder una entrevista del diario La Nación donde pudo haber dejado claro las dudas de los electores sobre las intenciones o propuestas de fondo de su partido:
Esta página iba a ser una entrevista con Guevara

Este espacio iba ser más grande, de dos páginas completas. Iba a estar lleno de preguntas, pero también de respuestas. Iba a cuestionar al candidato presidencial libertario, Otto Guevara, pero también incluiría propuestas suyas para un eventual gobierno.

La propuesta consistía en entrevistarlo sobre temas variados y darle un despliegue igual al concedido a sus dos principales rivales electorales, Laura Chinchilla, del Partido Liberación Nacional (PLN) y Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC).

La cita estaba fijada desde diciembre para el viernes 15 de enero a las 10 a. m., pero dos días antes Guevara cortó los cables de la comunicación con este diario.

El aspirante libertario argumentó estar molesto por los cuestionamientos hechos a las finanzas de su campaña en varias informaciones del diario. Culpó al periódico de favorecer los intereses de Laura Chinchilla.

El cuestionario estaba listo y seguía vigente varios días después, pues se le pidió al candidato reprogramar la cita. El tiempo, sin embargo, pasó sin respuesta alguna.

Solamente llegó el miércoles anterior una carta en la cual se advirtió que ninguna pregunta será respondida por el candidato, si no se formulaba por escrito. La entrevista, sin embargo, intentaba realizarse en condiciones iguales al de los otros dos principales candidatos.

En el cuestionario básico se contemplaban preguntas como las siguientes: ¿Por qué insiste en ser presidente si ya el electorado le dijo dos veces “no” de manera contundente? y ¿cuáles son tres ejemplos de su madurez política?.

¿Hizo ajustes de propuestas para ser aceptado en este país de centro?, ¿a cuál país debe parecerse Costa Rica?, ¿qué uniformidad ideológica pueden tener Longino Soto, un comunista, Federico Malavassi y Humberto Arce? y ¿de dónde llamará gente para un eventual equipo de gobierno? son algunas de las preguntas que se le formularían al exparlamentario.

También se le iba a pedir el nombre de quienes han convertido al PLN en un partido “corrupto” y se le preguntaría por qué tardó tanto tiempo en presentar el programa de gobierno.

Además: ¿habría aplicado “cero tolerancia” a su diputado Ovidio Agüero por conducir ebrio y herir de muerte a un ciclista?, ¿sigue considerando permisible el uso medicinal de la marihuana? y ¿por qué aboga por reducir la carga impositiva si los países más desarrollados gravan más?

Y para terminar: ¿puede demostrar la procedencia de cada colón que financia su campaña? (La Nación 24 de enero 2010).

Finalmente, sobre el tema del polígrafo, un amigo me envió vía correo electrónico este escrito de Kevin Casas:
Desde hace días no salgo de mi estupor por lo del polígrafo, pero hasta ahora me siento a escribir algo al respecto. Creo que este es la demostración más elocuente de la pérdida de rumbo del debate público en Costa Rica.
Cuando los aspirantes a Jefe de Estado de Costa Rica son tratados como rateros en potencia, me temo que ya no hay nada que hacer. Delincuentes o espías, porque tratar de detectar espías es el otro uso que se le da al aparatito. Esta idea peregrina no tiene nada que ver con la transparencia, sino con un afán de humillar a los políticos y de convertir a la campaña en un deleznable circo al que nadie decente y cuerdo va a querer someterse.
El asunto revela mucho sobre la manera en que se percibe a sí misma una parte importante de nuestra prensa, al tiempo que revela sus graves limitaciones. Para empezar, aunque no se den cuenta, es una confesión pública de la lamentable calidad de algunos de nuestros más dilectos periodistas. Porque, en el fondo, lo que quieren es que el aparatito les resuelva su ostensible falta de talento para rascar los argumentos de los candidatos, analizarlos, encontrar contradicciones y llamarlos a cuentas, como lo hace el buen periodismo. ¿Para qué tratar de emular a David Frost, Barbara Walters o a Oriana Falacci si el aparatito puede hacer el trabajo por nosotros? Un botón nos absuelve de la incapacidad, la ignorancia y la superficialidad.
Pero además el asunto revela una comprensión primitiva de la política. Porque este señor que puso a funcionar la maquinita obviamente no entiende que las preguntas que realmente importan en la política, las preguntas que realmente deberían contestar los candidatos, no son susceptibles de respuestas monosilábicas. ¿Cuánta prevención y cuánta coerción requiere nuestra política de seguridad? ¿Debemos invertir más en educación primaria al costo de invertir menos en educación superior, como lo dicta la equidad, o lo contrario, como lo exige la necesidad de innovar? ¿Qué hacemos con nuestra atormentada relación con Nicaragua? ¿Daremos prioridad, puestos a escoger, a la reducción de la pobreza o a la reducción de la desigualdad? La lista es infinita. De esos dilemas, que en muchos casos son complejos dilemas morales, está hecha la política real. Y saberlo no requiere haber leído a Aristóteles, sino simplemente haber visto algún episodio suelto de "The West Wing". Pero aun eso es mucho pedirle a algunos periodistas. Hay una canción de Silvio que pregunta: "Si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer?" ¿Cómo se contestará eso con un detector de mentiras al frente?
Eso es así, salvo que utilicemos el polígrafo para hacer simples preguntas de hecho a los candidatos: ¿se robó un vuelto cuando era chiquito? ¿Ha siempre fiel a su esposa? ¿Ha dicho toda la verdad respecto del financiamiento de su campaña? En ese caso, la utilización del polígrafo no es más que la culminación de la más cara y retorcida ambición de una parte de la prensa nacional: la de convertirse en fiscales y jueces de la República. Jueces, eso sí, liberados de toda obligación de respetar el debido proceso.
Esto último me conduce a lo más serio de todo. Me temo que el desconocimiento del público de los límites y precariedades del aparatito (el hecho de que, por ejemplo, en EEUU no se admiten los resultados en un juicio, debido a su baja confiabilidad), abre un espacio para erigir a la prensa en el juez inapelable de la verdad en una campaña. El aura "científica" del ejercicio le da un inmenso poder al periodista, un poder que nadie debe tener. Ya bastantes problemas tenemos con la poca comprensión que existe de las implicaciones y límites de las encuestas, también dotadas de un aire científico, como para venir ahora a añadir esta terrible fuente de malos entendidos a nuestras campañas.
Todas estas son razones que explican, me parece, por qué esta barbaridad no se ve en la BBC, ni en CNN, pero sí en Telenoticias. Pero sospecho que hay otra razón. Es que estoy seguro que a la BBC ni siquiera se le ocurriría preguntarle a Gordon Brown o a David Cameron si están dispuestos a someterse a este vejamen. La sola pregunta es ofensiva y sería rechazada ad portas. ¿Se imaginan ustedes a Obama o, para no ir tan lejos, a Daniel Oduber o a Oscar Arias, prestándose a este numerito? Resulta que en Inglaterra los políticos tienen una vaga conciencia de su dignidad profesional. No están constantemente pidiéndole perdón a la prensa. ¿Qué sigue después de esto? ¿Qué los hagan saltar por aritos como perros amaestrados? Por eso lo que me parece más grave y ominoso de todo esto es la reacción de los candidatos, de decir que sí a la prueba con una sonrisa. Eso significa que no están dispuestos a levantar un dedo para que la profesión de la política recupere aunque sea una onza de su maltrecha dignidad. Si los candidatos están dispuestos a que los traten públicamente como delincuentes o espías, nuestro sistema político tocó fondo.
Por eso, de verdad, estoy rogando que sea cierto que mi querida Laura --que a lo largo de toda su carrera política se ha comportado con una dignidad a toda prueba-- haya tenido el temple de negarse a participar en este espectáculo del polígrafo. En esa negativa --mezcla de decencia y firmeza-- estaría para mí la demostración más elocuente de por qué debe ser ella la Presidenta y no otra persona. Ojalá.
Kevin Casas.
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1 comentarios:

TicoExpat dijo...

Bueno que sauqes esto a colacion, porque de veras, se pasaron de la raya con darle tanta pelota al aparatico...